Hasta hace muy poco, un
adulto con tendencia a tomarse las cosas como cuando nos divertíamos de niños
estaba mal visto, siendo acusado de irresponsable e inmaduro. Las cosas han
cambiado. Los estudios científicos avalan las propiedades de las actividades lúdicas
y su repercusión positiva en el desarrollo personal, tanto a nivel emocional
como creativo. Incluso se ha acuñado el término “déficit de juego” para
aquellas personas que debido a las rutinas, las responsabilidades y el ambiente
laboral sufren por no poder jugar sin otra finalidad que la diversión. Esta
actitud es la manera más eficaz de combatir el estrés, de entrar en armonía con
nosotros mismos y de liberarnos de las tensiones, dejando lugar a la
recreación. Y es que hacerlo es re-crearse, es decir, evolucionar y recargarse
de energía.
Cada vez oímos más hablar de la gamificación. Los más escépticos pueden pensar que esto no es
más que una moda y que a la oficina se va a trabajar. Pero lo cierto es que
introducir elementos de juego y tiempo de ocio es beneficioso para el trabajo
y mejora tanto el rendimiento como los resultados.
Estas son algunas de las ventajas de jugar en la
empresa:
1. Estimula la creatividad. Cuando uno gana en un juego o sube de nivel, el cerebro libera dopamina, una hormona que nos anima a probar cosas nuevas. Si se incorporan esquemas de juego a actividades de la empresa, podemos sentirnos impulsados a salir más a menudo de nuestra zona de confort, sobre todo teniendo en cuenta que esas victorias también generan confianza.
Asimismo, no podemos olvidar que el juego incentiva la imaginación, y la imaginación es fundamental en todos los ámbitos de nuestra vida. De hecho, soñar despierto ejercita la inteligencia y la resolución de problemas. Pero para eso, claro, necesitamos ratos en los que (aparentemente) no estemos trabajando.
2. Incrementa la competitividad. En los juegos y en las estrategias de gamificación también hay rankings y niveles, y esto permite a los compañeros competir entre sí y hacerlo además en un ámbito simbólico y en el que sólo debería resultar herido (un poco) nuestro orgullo.
3. Ayuda a crear equipo. Muchas dinámicas de juego se basan en la cooperación, no sólo dentro del equipo de ventas que aspiraba a esa cena (por ejemplo), sino en toda la organización. Esto también ayuda a crear un mejor ambiente de trabajo, sobre todo teniendo en cuenta que el juego es, por definición, divertido.
Las estrategias de cooperación pueden ayudar además a que haya personas que entren en contacto con actividades y departamentos que desconocían, y enriquezcan así su manera de ver el trabajo. También es una forma de recoger feedback de los empleados: el ámbito del juego genera la suficiente confianza como para expresar ideas y opiniones, dado que se sale del entorno habitual, más rígido y jerarquizado.
4. Refuerza la resiliencia. En los juegos muchas veces se gana, pero también se pierde. Esto es algo que tenemos muy presente de niños, pero que en ocasiones olvidamos de adultos, precisamente porque dejamos el juego de lado. Perder nos sirve para analizar qué ha ocurrido y volver a empezar tras haber tomado nota de nuestros errores. De hecho, el juego nos permite arriesgarnos, aun sabiendo que es muy posible que perdamos, y así explorar nuestros límites y posibilidades.
Es decir, hemos de contar con momentos que nos ayuden a estimular nuestra creatividad, con el objetivo de no convertirnos en robots aferrados al "siempre se ha hecho así".
1. Estimula la creatividad. Cuando uno gana en un juego o sube de nivel, el cerebro libera dopamina, una hormona que nos anima a probar cosas nuevas. Si se incorporan esquemas de juego a actividades de la empresa, podemos sentirnos impulsados a salir más a menudo de nuestra zona de confort, sobre todo teniendo en cuenta que esas victorias también generan confianza.
Asimismo, no podemos olvidar que el juego incentiva la imaginación, y la imaginación es fundamental en todos los ámbitos de nuestra vida. De hecho, soñar despierto ejercita la inteligencia y la resolución de problemas. Pero para eso, claro, necesitamos ratos en los que (aparentemente) no estemos trabajando.
2. Incrementa la competitividad. En los juegos y en las estrategias de gamificación también hay rankings y niveles, y esto permite a los compañeros competir entre sí y hacerlo además en un ámbito simbólico y en el que sólo debería resultar herido (un poco) nuestro orgullo.
3. Ayuda a crear equipo. Muchas dinámicas de juego se basan en la cooperación, no sólo dentro del equipo de ventas que aspiraba a esa cena (por ejemplo), sino en toda la organización. Esto también ayuda a crear un mejor ambiente de trabajo, sobre todo teniendo en cuenta que el juego es, por definición, divertido.
Las estrategias de cooperación pueden ayudar además a que haya personas que entren en contacto con actividades y departamentos que desconocían, y enriquezcan así su manera de ver el trabajo. También es una forma de recoger feedback de los empleados: el ámbito del juego genera la suficiente confianza como para expresar ideas y opiniones, dado que se sale del entorno habitual, más rígido y jerarquizado.
4. Refuerza la resiliencia. En los juegos muchas veces se gana, pero también se pierde. Esto es algo que tenemos muy presente de niños, pero que en ocasiones olvidamos de adultos, precisamente porque dejamos el juego de lado. Perder nos sirve para analizar qué ha ocurrido y volver a empezar tras haber tomado nota de nuestros errores. De hecho, el juego nos permite arriesgarnos, aun sabiendo que es muy posible que perdamos, y así explorar nuestros límites y posibilidades.
Es decir, hemos de contar con momentos que nos ayuden a estimular nuestra creatividad, con el objetivo de no convertirnos en robots aferrados al "siempre se ha hecho así".